sábado, 24 de octubre de 2009

Muertes

En días como estos suelo morirme un poco.
En la habitación había un olor a espinas secas, y mi sonrisa pendía de un hilo desde el techo.
Un par de ojos grises me miraban desde una esquina.

¡Ay qué calor hace aquí dentro!
y a mí los huesos se me helaban por culpa de las castañas enmarañadas en el vientre.
Tengo dos gotas de rocío en los dedos,
y un profundo sabor a derrota en los labios.
La sangre púrpura
no sabe distinguir colores.
Yo no distingo
las letanías de la noche

Cristales rotos, copas y tres velas encendidas.
El palo santo humeaba.
Mi sonrisa bebía una copa de vino por cuenta propia.

Hipnóticos ojos grises y manos agujereadas por mariposas:
En días como estos yo suelo morirme un poco,
Me gusta respirar orquídeas y comer nostalgias líquidas
y a veces también me gusta adormecerme lentamente.


viernes, 23 de octubre de 2009

Querido Sr. Fantasma


Esto que hoy escribo es para usted que deambula silencioso entre mis letras de vez en cuando. Hoy quise sorprenderlo. Apuesto que no esperaba encontrarse con semejante evento (poco recurrente si consideramos que aquí abundan los poemitas) pero sabe? es re lindo que a uno le escriban, y a mí esta vez me tocó el papel del escritor.
En esta ocasión no quiero regalarle mis imágenes creadas, no un puñado de pájaros incandescentes ni atardeceres anaranjados con sabor a amapolas. Yo sólo quiero que usted se entere de que no me he olvidado de escribir para usted.

martes, 20 de octubre de 2009

Tractatus de Sortilegiis - Oscar Hahn

En el jardín había unas magnolias curiosísimas, oye,
unas rosas re-raras, oh,
y había un tremendo olor a incesto, a violetas macho,
y un semen volando de picaflor en picaflor.
Entonces entraron las niñas en el jardín,
llenas de lluvia, de cucarachas blancas,
y la mayonesa se cortó en la cocina
y sus muñecas empezaron a menstruar.
Te pillamos in fraganti limpiándote el polen
de la enagua, el néctar de los senos, ves tú?
Alguien viene en puntas de pie, un rumor de pájaros
pisoteados, un esqueleto naciendo entre organzas,
alguien se acercaba en medio de burlas y fresas
y sus cabellos ondearon en el charco
llenos de canas verdes.
Dime, muerta de risa, adónde llevas
ese panal de abejas libidinosas.
Y los claveles comenzaron a madurar brilloso
y las gardenias a eyacular coquetamente, muérete,
con sus durezas y blanduras y patas
y sangre amarilla, aj!
No se pare, no se siente, no hable
con la boca llena
de sangre:
que la sangre sueña con dalias
y las dalias empiezan a sangrar
y las palomas abortan cuervos
y claveles encinta
y unas magnolias curiosísimas, oye,
unas rosas re-raras, oh.

En Arte de morir, 1977.

jueves, 15 de octubre de 2009

XV

Me ahogo en bilis.
Veneno, veneno y más veneno.
La traición sabe dulce y se ha vuelto el sombrero de todos los días.

La sonrisa ignota que lo esconde todo se dibuja en su rostro,
"Te quiero" y no he podido sortear la muralla

Palabras que se diluyen
abrazos muertos

los bolsillos llenos de piedras
la mano se prepara para lanzar.

viernes, 9 de octubre de 2009

Doble Estándar

Si hay algo que odio es la gente doble estándar. A mí no me interesa quedar bien con todo el mundo ni ser amiga de todo el mundo, por eso me cuesta un porquito entender el orden de razonamiento que tiene ese tipo de gente.
Si yo no soy de su agrado, ¿cuál es su afán de tener una relación amistosa y llevadera conmigo? ¿Le gusta coleccionar amigos para después apuñalarlos por la espalda?
Si usted pudiese explicarme creo que sería algo muy productivo... ah lo olvidaba! verdad que usted no dice las cosas a la cara, se me pasó por un momento la palabra "cobarde" con la cual la etiqueté.
Yo no le pido nada, puede seguir hablando de mí cuanto usted quiera que a mí ya no me importa.

martes, 22 de septiembre de 2009

Cosa de costumbre

El ojo espía por la ventana: La callecita gris es aplastada por muchos pares de pies. En el costado, el mismo carrito de algodones de dulce de hace veinte años, manejado por un dueño que recién se adecúa al negocio. Cuando recuerdo el olor de las nubecitas rosadas una sonrisa se dibuja en mi rostro, ¡qué tiempos aquellos! Yo tan sólo era una chiquita de la mano de su madre.
En la vereda del frente aparece él. Adivino sus manos sudadas. Adivino también el paso que dará al segundo siguiente: los mismos cigarros de siempre. Las cosas no ha cambiado demasiado por aquí.
Yo tampoco he cambiado. Sigo en la misma casa, entre los mismos muebles heredados de la abuela, entre el piano y la vieja poltrona verde, entre mis libros de hojas amarillas.
Lo veo pasar todos los días. Conozco su modo de andar y sus gestos, también conozco la manera en que tocará a mi puerta en cualquier momento.
Me dirá "Buenas tardes" con su cortesía habitual y dejará caer un suave beso sobre mi mejilla. Yo lo miraré esperando otra cosa - Para que la gente no hable- me dirá. A mí la gente no me importa.
La puerta se cerrará tras él y las cosas se volverán convulsas. Me tomará entre sus brazos y me apretará contra él con una pasión avasalladora, esa que no ha cambiado con el paso de los años. Lo besaré,le morderé los labios, me pegaré a él como estrella a las rocas. Una vez más me dirá: "pequeña Medusa hazlo de nuevo" y yo tiernamente le susurraré al oído: Ay, mi amor! eres mi sombrero de todos los días.

martes, 8 de septiembre de 2009

Ella


Ella daba dos pasos hacia delante
Daba dos pasos hacia atrás
El primer paso decía buenos días señor
El segundo paso decía buenos días señora
Y los otros decían cómo está la familia
Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo
Ella llevaba una camisa ardiente
Ella tenía ojos de adormecedora de mares
Ella había escondido un sueño en un armario oscuro
Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza
Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla
Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad
Era hermosa como un cielo bajo una paloma
Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas
El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia
Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas
Antes que el viento norte abra sus ojos
Era hermosa en sus horizontes de huesos
Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado
Como el cielo a caballo sobre las palomas

Vicente Huidobro